Vocabulario y entonación de un texto

Vocabulario y entonación de un texto

A la hora de ser escritor es importante saber situar al lector y utilizar más de las mil palabras consabidas que una persona media utiliza a lo largo de un día. Por eso, y para saber dar un buen ritmo a tus textos, te voy a enseñar a entonar y a tener un vocabulario más “rico” sin llegar a convertirte en un “pedante” Te voy a hablar del vocabulario y la entonación de un texto.

Vocabulario acorde al texto

Generalizar puede ser bueno a veces (ayuda a que el lector pueda imaginar en vez de visualizar). Sin embargo, utilizar vocabulario más específico puede ayudarte a enriquecer un texto así como evitar repeticiones o una apariencia demasiado simple.

Y cuando hablo de vocabulario específico me refiero a usar palabras concretas para sustituir a las generales. Como distinguir bien entre oír y escuchar o hablar y decir. Es decir, prescindir lo máximo posible de verbos como “decir”, “poner”, “coger”, “tener” y palabras como “cosa”, para usar sinónimos de estas palabras con un significado más específico.

Sin embargo, en ocasiones hacer esto es difícil mientras se escribe porque vamos siguiendo el hilo de la “inspiración” y no te paras a pensar en qué palabras utilizar. Así que mi recomendación es esta: primero escribe, sin parar y sin pensar; y una vez hayas terminado repasa tu texto y cambia vocabulario. A la larga te irán saliendo estos cambios mientras escribes, pero no puedes esperar que sea de la noche a la mañana.


Bien. Una vez tienes el texto escrito, reléelo y evita estas situaciones:

  • Repetir palabras entre frases: busca sinónimos o cambia la frase para evitar estas repeticiones.
  • El verbo “decir” en los diálogos: cambia el verbo acorde a lo que haya dicho el personaje (“afirmar”, “confesar”, “preguntar”, “mofarse”). De esta forma serás más concreto y el lector comprenderá más lo que lee.
  • Abusar del “pero”.
  • Frases difíciles de entender, que sean demasiado largas o sean ambiguas.
  • Frases inacabadas.
  • Cacofonías(1*), porque debemos recordar que nuestros lectores pronuncian las palabras mentalmente, así que les afecta igual.
  • Vocabulario demasiado enrevesado o grandilocuente y, a su vez, vocabulario demasiado simple y vago.

Poco a poco irás creando textos con un vocabulario más rico, pero debes recordar que tampoco hay que pasarse. Es muy importante también trabajar en el discurso en sí y narrar de una forma que sea cómoda para los que te lean y para ti. A la larga, conseguirás un estilo propio.

Ritmo, tono, sonoridad y puntuación

El tono de un texto depende en gran parte de su ritmo y sonoridad. Para ello, debes basarte en la puntuación y otros recursos de los que voy a hablar a continuación.

Para dar un ritmo sosegado al texto utilizarás frases largas, con pausas, puntos suspensivos, descripciones del entorno… Hay que alargar las cosas y que vayan lentas. A su vez, puedes utilizar más palabras llanas y poco acentuadas, sonidos suaves como eses, eles, emes, bes… Los diálogos también tendrán mucha más descripción dentro y los párrafos pueden alargarse. La cuestión es que suceda poca cosa en mucho tiempo de lectura, pero sin pasarse de largo. Es decir, tienes que estirar el tiempo dentro de la narración como si fuera un chicle.

Y para un ritmo trepidante existen las frases cortas, directas y contundentes. También se abusa más de los verbos y los diálogos serán cortos, sintetizados.  Habrá más exclamaciones y tendrás acotaciones más de acción que de descripción. Puedes valerte de sonidos más fuertes como tés, cas, pes y palabras agudas; así como párrafos más cortos. Debes dar mucha información en poco tiempo para que dé la sensación de que todo sucede muy rápido. Es decir, acortar el tiempo dentro de la narración (ahora, en vez de estirar el chicle, tienes que masticarlo).

Resumen

  • Para un texto lento:
    • Uso común de conectores que alarguen la acción (entonces, por lo tanto, después,…).
    • Frases inacabadas con puntos suspensivos.
    • Descripciones de sentimientos, incluso opiniones o divagaciones sobre el asunto.
    • Comparaciones de las situaciones.
    • Frases largas con subordinadas.
    • Anotaciones sobre la situación.
  • Para un texto rápido:
    • Frases simples.
    • Conectores que indiquen velocidad (de repente, repentinamente, y,…) o carencia de conectores entre frases.
    • Repetición de palabras en ocasiones concretas (“Entonces supo que no podía hacer nada. Nada en absoluto.”).
    • El verbo como el elemento más importante, sin descripción extra.
    • Rápido, concreto y conciso.

Ahora es tu turno. Espero que disfrutes acompasando tu historia como una buena ópera. Porque no es fácil acelerar el pulso de los lectores, aunque sí hacerlos bostezar.


1* La cacofonía es el efecto sonoro producido por la cercanía de sonidos o sílabas que poseen igual pronunciación dentro de una o varias palabras cercanas en el discurso, como sucede, por ejemplo, en “atroz zozobra”, “camarón caramelo, caramelo camarón”. Según Ayuso: “las cacofonías son sonidos repetidos que maltratan los oídos”. Se emplea a veces como recurso literario.

 

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